| Linda fuente en cruce famoso de la ciudad: Paseig de Gracia y Gran Via. Ph: Verónica Camaño |
Los primeros en llegar fueron dos hermanos de Seattle, Jennifer y Justin. Mi hermano Lucas y yo los estábamos esperando con ansiedad y con miedo de no poder traducir nuetsras bromas y buena onda al inglés. Pero las ganas de conocerlos, experimentar como anfitriones y mostrarles lo mejor de nuestra ciudad nos llevó a tener el hostal cada vez más lleno de gente contenta. Gente especial que llegó al mismo lugar donde nosotros estábamos por algo. Como la inglesa hiperactiva que terminó siendo mi mejor amiga junto con la alemana artista Lindis. Las tres nos volvimos un trío dinámico internacional en busca de diversión. Llegó Jeff, el chico de San Francisco, Jay, un loco -muy loco- de Holanda, unas suecas que enseñaban manualidades que habían aprendido a hacer en Latinoamérica... Mucha gente, muchas historias y culturas diferentes.
A este lugar encantado lo había encontrado mi abuelo Manuel, un gallego que con mucho esfuerzo había logrado escapar de una España en guerra y llegar a Buenos Aires que lo recibió con los brazos abiertos y llenos de oportunidades. El tiempo pasó, las experiencias e información provenientes de otras bocas de otros países iban llegando a mis oídos...Era normal que el bichito que nos empuja a querer vivir nuevas aventuras empezara a picar más y más. Más cuando el jefe que tenía en mi trabajo era un psicópata al que no quería verle más la cara y cuando mi novio me estaba invitando a seguir enamorándonos en la ciudad donde él vivía.
No había mucho que pensar. Yo quería un cambio radical hacía tiempo, salir de la comodidad de la ciudad madre, arriesgarme. Esta era mi oportunidad. Si mis abuelos lo habían hecho antes, ¿Por qué no ser yo, la tercera generación, que volvía al viejo continente? Sin muchos planes y con el amor de la mano tomé un avión y llegué a Barcelona. Un año y medio después pienso que esa cita a ciegas fue una locura. Pero una locura de la que nunca me voy a arrepentir.
yeah!
ResponderEliminarmencantó!
abrazo y a escribir, veroch.
Chuli!