sábado, 13 de abril de 2013

Regalo de navidad

Ilustración de Amy Winehouse por las calles del Gótico. Foto tomada por mi y por un celular muy malo.
Eran las doce cuando terminé de trabajar y eso me importó muy poco. Podría haber tenido un poco de lástima de mi misma por no estar comiendo vitel toné con ensalada de kanicamas, pensando en la salida veraniega que todos los años planeaba post-cena con mis amigas porteñas, pero no. Salía de mi trabajo como recepcionista en un hostel que se llamaba "Paraíso", un paraíso que olía a cañerías viejas y a enemigos del agua.
Acá la navidad siempre es fría y sucede cuatro horas antes que en Buenos Aires. Frené a un taxista que demostrada el mismo desinterés por las fiestas que yo. Le dije la dirección y apretó el acelerador a fondo, se ve que había que hacer la mayor cantidad de viajes posibles en esa noche.
En media hora el combo baño-makeup-vestido-cerveza y cigarrillo-en-sillón ya estaba consumado. Alejandro se había ido hace un día de casa, así que sin nadie que opinara, me puse perfume y me fui. Bueno, antes de irme lo vi a Morgan mirándome con sus ojitos redondos pidiendo un poco de amor humano, así que lo agarré e hicimos un poco de dancing apretados frente al espejo con música imaginaria. No se quejó y como siempre me regaló un par de ronrones.
A la noche, taconear con las pestañas bien arriba por la avenida Passeig de Gracia da la sensación de que podés conseguir todo lo que quieras. Lo que sea. Barcelona es una chica oscura y hermosa. No se deja  conquistar. Te seduce sin problemas, pero antes de adoptarte, te pone a prueba. Es elegante y antigua, la noche la convierte en gótica, irresistible.
Caminé hasta Plaza Catalunya y en unos bancos sobre rambla Catalunya me encontré con una de mis nuevas amigas. Entramos a la discoteca, bailamos un poco de techno y salimos a fumar mientras tomábamos cerveza. De repente eran las cinco de la mañana y con un poco de mareo volví a casa para acostarme en la cama que esa noche era toda para mi. La aventura navideña no había terminado. Al día siguiente un avión me dejaría en un desconocido destino con olor a TCH, Amsterdam.

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