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| Foto de Gregoire Bouguereau que grafica bastante bien cómo me siento hoy (claramente soy el ciervito a punto de ser devorado) |
No se en qué momento la vida dejó de ser divertida. Pero eso sucedió. De repente las salidas de la noche ya no son el antídoto a todo mal y el miedo a fracasar profesionalmente tomó protagonismo. Para colmo una ya no puede ni deprimirse sin sentir culpa. En Facebook, Twitter e Instagram, carteles con frases alentadoras del estilo: "Si no te gusta tu rutina cámbiala" y eso en el mejor de los casos, porque lo más probable es que encuentres 48 versiones de la pobre y megautilizada metáfora del vaso medio lleno o medio vacío. A la mierda con los vasos. Como si la vida adulta fuera tan simple. Y las redes sociales enredan aún más la confusión. No puedo creer ser adicta a la peor forma de ocio jamás inventada. Pierdo el tiempo viendo los nuevos seres humanos que llegan al mundo, hermosos gatitos en adopción, ex´s, lo cool que es esa raquítica hipster wannabe... La industria del qué dirán en su máxima expresión: Dirán que estoy perdiendo el tiempo con mis decisiones, que perdí el rumbo, que perdí oportunidades... que perdí. Me encantaría tener una respuesta para ellos, digo, mis miedos. Pero por ahora se instalaron en mi cerebro y no quieren salir. O yo no quiero que se vayan porque ¿Qué pasará después? ¿Cómo lograré ser una chica exitosa? ¿Me aceptaré si soy una fracasada en unos años? Under pressure, I want it all y Show must go on, todo en una misma canción.

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